Esta columna de opinión analiza la estrategia de sucesión política de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, de cara al 2027. El autor argumenta contra la teoría de que ella posee dos candidatos posibles, descartando cualquier pacto con Cruz Pérez Cuéllar debido a la postura hostil de MORENA. El texto sostiene que apoyar al candidato del PAN, Marco Bonilla, es su única opción racional para asegurar la continuidad política y evitar los riesgos de una traición política.
Morena terminó de repartir las coordinaciones, pero todavía le falta juntar los pedazos que dejó la competencia. El lunes 28 de septiembre cerró en Chihuahua las 17 designaciones de coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, antesala política de las candidaturas que deberán formalizarse en los tiempos legales. Cruz Pérez Cuéllar obtuvo el nombramiento y Andrea Chávez quedó fuera. Hasta ahí, el resultado; lo que sigue es otra historia, porque del plato a la boca se cae la sopa y ganar una interna no garantiza ganar una gubernatura.Mi cuestionamiento no es que Morena permita competir: faltaba más. El problema aparece cuando promueve aspiraciones durante meses, fortalece grupos enfrentados y después pretende que una fotografía y tres gritos de “unidad” borren todas las diferencias. El partido publicó resultados el martes 29 y defendió sus encuestas y ejercicios espejo; sería incorrecto afirmar que no mostró nada. Pero publicar cifras no resuelve por sí solo las dudas sobre cómo se convierten en una decisión. Una cosa es explicar el mecanismo y otra conseguir que los participantes confíen en él: cuentas claras, amistades largas.Chihuahua exhibe ese desafío. En el reactivo de preferencia como candidato, Cruz registró 31.53% y Andrea, 30.61%: una diferencia de 0.92 puntos porcentuales. Sin embargo, el sistema completo le asignó a él 8.5 puntos de diez y a ella, 1.5; no fueron esos los porcentajes de respaldo ciudadano. Andrea ha manifestado que seguirá en Morena. Tampoco hay elementos para asegurar que la mayoría de sus seguidores rechazará al ganador. Mi impresión es más prudente: Cruz tendrá que trabajar para sumar a una corriente que conserva peso propio; no puede dar sus votos por descontados.La tensión ya rebasó los comentarios de pasillo. El PT cuestionó que la designación de Cruz representara una decisión definitiva de la coalición y mantuvo abierta la posibilidad de impulsar a Andrea. Eso todavía no equivale a una ruptura consumada, pero sí constituye una advertencia. En San Luis Potosí, Morena anunció que competiría separado del Verde, partido que gobierna la entidad. Los acuerdos nacionales no amarran automáticamente todos los arreglos estatales. Cuando los aliados empiezan a buscar por dónde salir, más vale revisar las bisagras antes de presumir que la casa está en orden.Chihuahua conoce esas historias. Francisco Barrio, proveniente del empresariado juarense, ganó la gubernatura en 1992, después de haber competido en 1986. Para su sucesión, en 1998, Eduardo Romero Ramos representó una opción cercana al gobierno, pero la convención panista eligió a Ramón Galindo Noriega, quien posteriormente perdió frente a Patricio Martínez García. La división interna formó parte de aquel escenario, aunque sería simplista atribuirle toda la derrota. Lo que sí quedó claro fue que la preferencia del gobernador no bastaba para ordenar al partido: donde manda la militancia, también puede dejar de mandar el mandatario.El PRI también tuvo sus propios desencuentros. En noviembre de 2003, José Reyes Baeza Terrazas, exalcalde de Chihuahua, derrotó ampliamente a Víctor Emilio Anchondo Paredes en una elección abierta para definir la candidatura de 2004. El antecedente merece recordarse sin adornarlo con descalificaciones personales ni confundir los nombres. Además, Reyes Baeza ganó después la gubernatura: una competencia interna no desemboca necesariamente en derrota. La lección es que los liderazgos tienen límites y que abrir una elección exige aceptar sus consecuencias, incluso cuando el ganador no coincide con el favorito del despacho.Por eso tampoco compro la explicación de que Chihuahua simplemente verá competir a “dos panistas”. Cruz tiene pasado en Acción Nacional, pero hoy representa otro proyecto y deberá responder por su trayectoria completa; Marco Bonilla construye su aspiración desde el PAN. Las biografías importan, aunque no sustituyen las propuestas ni las responsabilidades presentes. El Cabildo capitalino está convocado para analizar la solicitud de licencia de Bonilla el lunes 5 de octubre; todavía no corresponde darla por aprobada ni presentarlo como candidato registrado. Por muy adelantado que vaya el gallo, el calendario electoral no se mueve a cacareos.También conviene revisar el espejo de 2021. Juan Carlos Loera de la Rosa perdió la gubernatura frente a Maru Campos mientras Cruz ganó la alcaldía de Juárez, pero existe registro de que Pérez Cuéllar acompañó a Loera en su arranque de campaña. Cuánto aportó después cada grupo y qué tan efectiva fue aquella unidad es materia de análisis, no una conclusión que pueda despacharse diciendo que nunca se sumó. Hoy Cruz enfrenta la otra cara del problema: necesita que quienes no ganaron encuentren razones para colaborar. Arrieros somos y en el camino andamos; la unidad que se pide también se construye.A Morena le toca administrar el desgaste de gobernar y las expectativas que su propia fuerza despierta. Pero tampoco el PAN o el PRI pueden vender el descontento como un triunfo anticipado. Coahuila tiene condiciones particulares; no es una receta que Alejandro Moreno pueda repartir para revivir al tricolor en todo México. Ni los reclamos internos prueban que Morena esté derrotado ni su fortaleza garantiza que pueda desperdiciar apoyos. La democracia interna cuesta, sí, pero el dedazo también cobra factura. Mi crítica es que se incentive una competencia sin preparar una salida digna para quienes pierden: quien siembra expectativas debe hacerse cargo de la cosecha.El 6 de junio de 2027, cuando se disputen las 17 gubernaturas, sabremos cuánto pesaron las decisiones y cuánto las heridas que quedaron abiertas. Cruz tendrá que convencer fuera de Morena y recomponer dentro; Andrea y su corriente decidirán cómo traducen su pertenencia al movimiento en trabajo político.La dirigencia no puede lavarse las manos después de repartir nombramientos. Por ahora, disfrutemos de la postemporada de las Grandes Ligas, a ver si se enfrían los ánimos y los “no ganadores” evitan convertirse en oposición de sus propios compañeros. Porque ponerse el pie cuando se tiene tanto por disputar… pero qué necesidad, diría Juan Gabriel, amigo del exgobernador Duarte y orgullo de Ciudad Juárez y todo México.
Hugo González Muñiz, presidente del consejo estatal de Morena en Chihuahua, hace un llamado a la unidad tras la designación de Cruz Pérez Cuéllar como coordinador estatal del movimiento. El autor reflexiona sobre la evolución política desde el PRD hasta la administración actual, destacando los logros de la Cuarta Transformación desde 2018. Insta a los militantes a priorizar los objetivos colectivos sobre los intereses individuales para expandir la influencia del partido en regiones controladas por la oposición.
Esta columna ofrece un análisis multifacético de los acontecimientos políticos y sociales actuales en Chihuahua. Cubre el posicionamiento político y la ventaja en las encuestas de Cruz Pérez Cuéllar, critica el enfoque en caminos rurales artesanales frente a la gran infraestructura y detalla la sentencia legal del ex diputado Mario Rodríguez por fraude. Además, aborda las disputas legales sobre las regidurías y la transición política del alcalde Marco Bonilla en Ciudad Juárez.
Hasta el momento Andrea no ha manifestado su apoyo Cruz Pérez Cuellar, algo que no le conviene a Cruz ni a Morena, por eso les urge el apoyo de ella. La pregunta es ¿Lo hará?